Poemas, microcuentos y letras de canción.
Bucle infinito
Poema · Miguel Antonio
Dibujó un círculo en el aire,
dijo que estaba en un bucle,
pues no se encontraba.
while True:
if encuentro_sentido:
seguir()
encuentro_sentido = False
else:
buscar()
encuentro_sentido = True
# RecursionError:
# el programa se llamó a sí mismo
# hasta olvidar…
… Se le fue la vida en eso.
El Círculo Infinito
Poema · Miguel Antonio
Nací con visión monocular,
a veces me topo con muros invisibles,
o choco con quienes se acercan demasiado.
Los niños juegan a adivinar
con qué ojo veo.
Me cubro un ojo, ellos hacen señas en el aire,
y fallo, fallo con mi ciego ojo,
y a veces, con el que ve, fallo a propósito.
Así, nunca lo adivinan.
Peatones, ciclistas, conductores,
tan seguros en su prisa y confianza.
No imaginan mi perspectiva monocular al manejar
creen que los veo claros, definidos.
¡Cuidado!
Que desde aquel viernes de octubre
Habemos más monoculares…
Frente al piano intento tocar sin mirar las manos,
pero cuando tengo que hacerlo,
solo puedo elegir:
o miro la mano derecha o miro la izquierda.
Cuando camino con una mujer a mi lado,
ella no entiende por qué a veces soy un caballero,
y otras, no.
Cuando me pongo del lado de la calle, se siente protegida;
pero cuando la dejo al borde, se siente expuesta.
No me juzguéis mal,
solo busco el lado donde puedo verla,
evitando giros dolorosos en mi cuello.
Un día me encontré con ella, una persona con mi misma mirada,
un solo ojo hacia el mundo, el mismo ojo,
y caminamos juntos danzando un círculo infinito,
buscando vernos,
y era perfecto.
Banano azul
Poema · Miguel Antonio
Puedo escribir los versos más prácticos esta noche.
Escribir, por ejemplo: "Te doy un banano
porque es más útil que un poema."
El verso, a veces, guarda vacío;
el banano, en cambio, puede guardar un espejo,
para que puedas ver tus ojos negros
y reconocer cómo surgen sutiles pecas en tu rostro.
También puede guardar un afortunado cepillo
que acaricie tu cabello,
porque solo un cepillo tiene ese privilegio.
¡Ay de la mano que ose hacerlo!
Puedo escribir el poema más práctico del mundo,
un poema desnudo, sin metáforas,
solo un banano en su honestidad más simple,
hecho a mano, de mezclilla azul, con cierre, bordado a máquina y comprado en la calle.
Seguramente guardará pinturas, cremas y utensilios
que tocarán tu piel,
pastillas que ingresarán a tu cuerpo,
mucho más adentro de lo que yo podría soñar.
Abrazará tu cintura y te acompañará, guardará íntimos secretos tuyos,
será tu confidente silencioso.
Y yo lo miraré, lo miraré mientras caminas,
intentando descifrar el universo contenido en tu banano azul.
Agua, fuego, aire y tierra
Poema · Miguel Antonio
Un día llegaste aquí siendo agua,
y yo era fuego candente.
Caíste en forma de lluvia, y cuando me tocaste,
no pude evitar evaporarte.
Te convertiste en aire, transformada en una nube
blanca como la nieve.
Entonces, de fuego pasé a ser aire,
y te soplé tan fuerte que te fuiste a otros mares.
Yo seguí soplando y soplando,
a todas las nubes que pasaban,
hasta que me encontré con una nube congelada
que al soplarla me transformó en nieve,
blanca como una nube.
Caí sobre la cordillera de los Andes,
y allí me quedé todo el invierno.
Un día te divisé a lo lejos, desde la montaña;
eras una nube inmensamente grande,
y en ese momento, el sol me convirtió en río,
y descendí hasta llegar al océano.
Te perdí de vista, miraba al cielo,
te buscaba entre las nubes, pero no te encontraba.
El sol me volvió a mirar y esta vez me convirtió
en una pequeña nube.
Era tan pequeña que podía volar muy rápido,
entonces te busqué, te divisé, volé hacia ti,
te había visto convertida en tierra.
Cuando por fin logré caer en forma de lluvia,
te transformaste en fuego, y al tocarte, no pudiste evitar que me evaporara.
Después, cuando te convertiste en viento
y me soplaste,
por alguna extraña alquimia
me convertí en cenizas,
¡cenizas al viento!
lentamente caí al suelo.
Y luego, siendo tierra...
me enteré del cambio climático.
Metamorfosis
Poema · Miguel Antonio
Hubo un tiempo en que era un Gregorio Samsa cualquiera,
que caminaba en un lugar cualquiera,
esperaba sentado, como un Gregorio cualquiera,
junto a otros Gregorios,
cansados, somnolientos,
perdidos en la espera.
Los pasillos eran blancos,
extensos, repetidos, como el laberinto de Chartres.
Radiadores blancos y viejos emanaban calor,
pero no lo suficiente para disipar el frío,
ese frío extraño, ese frío del corazón.
Caminé durante toda una noche por ese laberinto,
preguntándome hacia dónde me conducía,
qué destino me deparaba.
Cada paso que daba generaba un eco,
un eco que cargaba preguntas sin respuestas.
Hasta que, por fin, me llamó una voz.
Era la enfermera que anunciaba tu nacimiento.
El laberinto desapareció, y crucé una puerta blanca.
Y cuando te vi por primera vez,
una fuerza brutal surgió desde el piso,
subió por dentro de mis entrañas
y llegó hasta mi garganta,
rompiendo todas las barreras que existían a su paso,
mientras te contemplaba en mis brazos.
Al mirarte a los ojos, entendí a Gregorio y su metamorfosis.
Y pude verte desde siempre, y para siempre,
en un tiempo sin edad,
donde el amor dejó de ser un laberinto,
y se convirtió en mi única verdad.
Te acepto
Poema · Miguel Antonio
Te miro y te acepto,
acepto tu mirada,
acepto tu boca y su aliento dulce,
acepto tu pelo con aroma a bosque.
Acepto tu risa y tu quebranto
acepto tu locura y cordura,
acepto tus gemidos y jolgorios,
aciertos y fracasos.
Te acepto.
Acepto tu miedo, tu ira, tu dureza
y al mismo tiempo, tu ternura, cariño y cobijo.
Acepto tu dulce, y a veces áspera voz.
Porque en cada parte de ti
encuentro luces y sombras,
y decido caminar a tu lado,
sin importar lo oscuro,
luminoso o serpenteante que sea el camino.
Te acepto,
en todo lo que eres,
y en lo que aún desconoces de ti.
Te miro en el espejo y te acepto.
Ventanas de luz
Poema · Miguel Antonio
Caminamos descalzos
entre luces y sombras,
marchamos todos juntos
hacia un mundo sutil.
Ecos de antiguas voces que nos susurran
misterios que ocultan viajes por develar.
El camino es oscuro,
también largo y sinuoso.
Nos envuelve con sombras
que debemos cruzar.
Inesperadamente una luz aparece,
y de la nada, rápidamente
se convierte en sol.
Ventanas de luz
hacia el infinito,
ventanas de luz
hacia el corazón.
Ventanas de luz
para descubrir,
hacia el mundo interior,
hacia el mundo exterior,
mi mundo,
tu mundo.
Caminamos descalzos
entre luces y sombras,
marchamos todos juntos
hacia un mundo sutil.
Ecos de antiguas voces que nos susurran
el misterio que todos
somos partes del sol.
Efecto efervescencia
Poema · Miguel Antonio
Destapé la felicidad,
en tu boca, tan ligera,
como burbuja que arde,
efímera claridad.
Nos envolvió la verdad,
de un placer que se escapó,
como el gas que se esfumó,
dejando solo el cristal,
un suspiro artificial
que en la bruma se perdió.
Dicom
Poema · Miguel Antonio
Era niño cuando escuché tu nombre por primera vez
me dio risa, sonaba a juego,
como “Dicom, te come”
Y me imaginaba que jugábamos,
corriendo al pillarse
Pero un día no pude pagar la universidad,
y me enviaron a tu reino.
Ahí estabas, al acecho,
me pillaste
y comenzaste a devorarme.
Sí, Dicom te come,
te muerde hasta los huesos,
saborea tu carne,
bebe tu sangre
y después te abandona.
Apego ansioso
Poema · Miguel Antonio
…y de repente,
en medio del caos,
derribó la puerta negra,
plantó un beso en mi nariz,
y lo calmó todo…
Piano
Poema · Miguel Antonio
Me equivoqué en el concierto
3,1415926
5358979
32384626
433832798
502884197
169399
37510582
0974944oP
Afgo/o73#!
Ah no,
me equi
Qvoqué.
Silencio
Poema · Miguel Antonio
Silencio...
Silencio...
Para escuchar...
Para escuchar...
Voces nuevas,
voces mágicas,
misteriosas…
El chico malo
Poema · Miguel Antonio
Soy malo,
soy malo
muy malo
Soy malo,
muy malo,
soy malo
Malooooooooooooooooooo
Malooooooooooooooooooo
Malo
Malo
Malo
Soy malo
Muy malo
Soy malo
Malo soooooooooooy
Muy malo soooooooooy
Malo soy
Malo soy
Soy malo
Malo soy
Malo soy
Soy malo
Yo so laaaaaam
Yo so laaaaaam
Duele que no duela
Microcuento · Miguel Antonio
Iba caminando por el Parque Forestal un día de otoño. Desde niño juego a pisar las hojas: ese crujido bajo los pies, ese olor a hoja mojada. La sensación satisfactoria de pisar hojas. Una sensación que solo existe en otoño.
De repente se me vino una canción del flaco: todas las hojas son del viento.
La pregunta llegó sola: ¿les dolerá que las pise?
Debajo de cada hoja, un mundo. Seres pequeñísimos que no sabían lo que se les venía encima.
¡Crac, crac! Seguí caminando. ¡Crac! ¡Crac! Seguí destruyendo.
Me volví a preguntar: ¿les dolerá? Surgió otra pregunta: ¿para qué es el dolor?
Me acordé de mi abuelo. Cuando le dolía una muela se pegaba un combo y gritaba:
— ¡El dolor es pa que duela!
Yo. Un ser adicto a la guerra.
La sensación satisfactoria de pisar pueblos.
¡Crac, crac! Seguí caminando. ¡Crac! ¡Crac! Seguí destruyendo.
Y no me dolía.
Duele que no duela.
Justo pasó la micro y me fui.
La escuadra
Microcuento · Miguel Antonio
Se levantaba a las 6 de la mañana y salía a comprar una tabla. La cargaba al hombro desde el astillero hasta su taller, cargaba el peso de su vida en esos cuarenta kilos de tablón rústico.
Adentro, el olor a aserrín y el ruido de las máquinas lo recibían como siempre.
Ese día iba a construir una mesa de comedor.
A mitad del trabajo notó que su escuadra estaba torcida. Le costaba trazar la línea recta para el corte perfecto.
Se detuvo. Miró la escuadra un momento largo. Siguió trabajando.
Le pegó martillazos hasta enderezarla lo mejor posible. No quedó perfecta. Pero sirvió.
Encuadró la mesa. Sin cojera. La lijó. La barnizó.
Cuando fue donde el cliente con el trabajo terminado, este lo miró de arriba abajo y dijo que no le pagaría.
Le pegó un combo en el hocico, se dio por pagado y se fue.
El sembrador del desierto
Microcuento · Miguel Antonio
Atacama es de color rojizo. Inmensas montañas de color sepia decoran sus paisajes y el viento ensordece.
La vida allí es casi imposible.
Digo casi, porque en un rincón de esos paisajes vivió hace miles de años el sembrador del desierto. Semilla en mano, araba la tierra con sus rústicas herramientas. Construía acequias con piedra y arcilla para capturar la camanchaca. De noche cubría sus siembras con un invernadero que armaba con sus manos. De día lo desarmaba para que el sol hiciera su trabajo.
Sembró papa, maíz, quinua, calabaza, oca y olluco.
No pensaba en lo difícil que era. Solo lo hacía porque era mejor así.
Un día su corazón dejó de latir. Sus semillas no.
El pueblo aprendió a sembrar y cosechó en esa tierra roja. Y lo recuerdan así, como el sembrador del desierto.
Estela de mar
Microcuento · Miguel Antonio
Cuando te vas queda tu aroma como una estela de mar. Escucho tu voz y siento honesta dulzura. Cuando te acercas y me rozas se me eriza la piel.
¿Y sabes qué?, te disfruto a concho, y no necesito poseerte.
Cenizas al viento
Letra de canción · Miguel Antonio
Lluvia en tus ojos
el agua está fría
el viento muy fuerte
el ruido estremece
el viento muy fuerte
tu pelo mojado
estila tus lágrimas
que claman con fuerza
la voz del poeta
que claman con fuerza
Estribillo:
¡Dejar! el sueño que fue
refugio de un niño pequeño
con voz débil que hoy día llora
¡Saltar! del cielo y mirar
que vuelas al bosque profundo
cenizas al viento
silencio…
El agua que limpia
se queda en el lago
que lleva tus penas
que pesan tu día
que lleva tus penas
La luz que aparece
entremedio del bosque
se queda por siempre
secando tu llanto
se queda por siempre
Estribillo…